Mi madre siempre fue estricta, estricta en verdad. Tenía una mirada que te congelaba, una mano dura amenazadora y, sobre todo, una tez blanca que provocaba que cada vez que se enfadaba, su piel se volviera tan pálida como las alas de Lucifer. Se enfadaba si no comía bien; le desagradaban mis juegos y mis zapatos llenos de barro; le molestaba mi voz chillona cada vez que me emocionaba; no le gustaba mi aspecto rebelde, ni tampoco mi gran creatividad. Para ella, estaba muy lejos de ser una señorita. Creo que en algunas ocasiones llegué a pensar que me odiaba…

 

Antonia Paz Lagos Novoa
13 años
La Florida
Tercer lugar región Metropolitana