Era un lindo sábado por la mañana, me levanté de la cama y me puse la típica ropa que un adolescente se pondría para salir a la calle, crucé la puerta de mi hogar y quedé atónito: no estaba la linda vista al mar que usualmente divisaba cuando hacía estas travesías para despejar mi mente después de una agotadora semana de colegio y entrenamiento, no había calles repletas de autos por aquí y por allá, estaba en medio de la nada, ningún ser humano, ningún indicio de vida ni nada, sólo un desierto que se extendía hasta donde la vista no me permitía
apreciar. Estuve tratando de comprender qué era lo que había pasado hasta que unos llantos y lamentos me dieron esperanza. A lo lejos vi un poblado pequeño, me alegré hasta que me di cuenta de donde provenían aquellos llantos, era una chica joven, llorando desconsolada a solas. Corrí a toda velocidad para asegurarme de que estuviera bien.

Primer lugar regional
Antofagasta
14 años